Aún revoloteaban las
golondrinas buscando refugio.
La ciudad bullía, de dos maneras.
Por un lado aquéllos que volvían
a sus casas. Otros venían,
en sentido contrario.
Un estar mitad cansino,
mitad vibrante, el preludio
de los viernes por la noche.
El museo de artes
con exposición de obras nuevas.
Las copas, la gente, los diálogos.
Vacíos y llenos. Entender.
Mirar. Comprender.
Opinar. Disertar. Compartir.
Eludir. Repensar. Fingir.
Y arriba las campanas
de la vieja iglesia tocaban
un son postrero, como de tarde
que se marcha.
La gente, la calle, los autos.
Largas colas en la estación de servicio.
Palomas azuladas durmiendo
en lo alto de las columnas y las ventanas.
Una brisa suave, de esas que nos
parecen caricias. Sentir el aroma
de azahares y jazmines.
Sentir.
El transporte público.
Celulares que no cesan un instante.
Palabras ininteligibles.
Murallas.
Cuerpos apretados.
Ojos que no ven.
Monótono timbreo
en las esquinas.
Perros callejeros.
Semáforos de colores.
Amarillo. Verde. Rojo.
Autómatas tiranos.
Gente que camina.
Y ella sólo mira.
Mira por los vidrios sucios
postales que sueña,
lagunas como espejos,
cielos azules, arenas blancas.
Sólo mira.
Y mientras mira
se agranda su espacio
al universo entero.
Aparecen estrellas
y agujeros negros.
Naves intergalácticas.
Flores blancas.
Pétalos de seda.
Música de Albinoni,
Bach, Sybelius, Bajofondo,
Julio Sosa, Gardel....y el
día que me quieras...
Olvidó cuánto tiempo.
Olvidó cuántas cuadras.
Se levantó de pronto
al reconocer un ventanal,
un auto viejo, un árbol.
Tocó el timbre.
Bajó despacio.
Taconeó en la vereda.
Y se perdió en la noche.***
Texto: M.A.O
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| "Mujer triste." |
