Las cosas que me gustan...

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domingo, 17 de septiembre de 2017

Embeleso.

En puntas de pie subió los escalones.
Y a la par, la música del arpa, como embrujada,
invadió el recinto, abarcándolo íntegramente.

Una figura delgada, un rostro pálido, un vestido blanco.
 El arpa, dorada.
La sala embelasada, los sonidos llenos de magia.

Algo nórdico, un toque francés, y las manos...
esas hadas lánguidas revoloteando sobre las cuerdas.

Al final de la escalinata detuvo sus pasos.
Se sentó, despacio.
Absorbió sonidos, tonos, colores.
Y se dejó atrapar, con total entrega.

Y a continuación fue un dúo.
Y como cierre un quinteto, diez manos aladas
flotando en el aire, dibujando melodías,
disolviendo el tiempo, hechizando instantes.

Y como casi siempre el final ingresa.
Aplausos, cerrados aplausos.
Emoción profunda.
Reconocimiento.
Reverencia al talento.
Sensibilidad manifiesta.
Prodigios.

Y tomó su bolso, incorporándose.
Y bajó la escalera en medio de la gente.

La sala de conciertos quedó en silencio,
despoblada de voces, a oscuras.

Junto a las estrellas, titilantes y lejanas,
una estela melodiosa envolvió su mirada.

Miraba hacia adentro,
profusa de recuerdos,
envuelta en un aura etérea...
tan fugaz como esa estrella -pensó-
así es la vida.***
                                                                       mao.

¿Quién será el dibujante -se preguntó- que dibuja los trazos de la poesía?

sábado, 23 de agosto de 2014

Abstracción.


Anochecía.
Aún revoloteaban las 
golondrinas buscando refugio.
La ciudad bullía, de dos maneras.
Por un lado aquéllos que volvían
a sus casas. Otros venían,
en sentido contrario.

Un estar mitad cansino,
mitad vibrante, el preludio
de los viernes por la noche.

El museo de artes
con exposición de obras nuevas.
Las copas, la gente, los diálogos.
Vacíos y llenos. Entender.
Mirar. Comprender.
Opinar. Disertar. Compartir.
Eludir. Repensar. Fingir.

Y arriba las campanas
de la vieja iglesia tocaban
un son postrero, como de tarde
que se marcha.

La gente, la calle, los autos.
Largas colas en la estación de servicio.
Palomas azuladas durmiendo
en lo alto de las columnas y las ventanas.

Una brisa suave, de esas que nos
parecen caricias. Sentir el aroma
de azahares y jazmines.
Sentir.

El transporte público.
Celulares que no cesan un instante.
Palabras ininteligibles.
Murallas.
Cuerpos apretados.
Ojos que no ven.
Monótono timbreo
en las esquinas.
Perros callejeros.
Semáforos de colores.
Amarillo. Verde. Rojo.
Autómatas tiranos.
Gente que camina.


Y ella sólo mira.
Mira por los vidrios sucios
postales que sueña,
lagunas como espejos,
cielos azules, arenas blancas.

Sólo mira.
Y mientras mira
se agranda su espacio
al universo entero.
Aparecen estrellas
y agujeros negros.
Naves intergalácticas.
Flores blancas.
Pétalos de seda.
Música de Albinoni,
Bach, Sybelius, Bajofondo,
Julio Sosa, Gardel....y el 
día que me quieras...

Olvidó cuánto tiempo.
Olvidó cuántas cuadras.
Se levantó de pronto
al reconocer un ventanal,
un auto viejo, un árbol.

Tocó el timbre.
Bajó despacio.
Taconeó en la vereda.
Y se perdió en la noche.***

                                                                          Texto: M.A.O


"Mujer triste."