Que la guerra no me sea indiferente,
es un monstruo grande y pisa fuerte
toda la pobre inocencia de la gente..."
Que la guerra no me sea indiferente,
es un monstruo grande y pisa fuerte
toda la pobre inocencia de la gente..."
Caía la lluvia, o flotaba,
no sabría describirla con exactitud.
Eran como gajos de su alma herida,
desgranándose etérea, acariciadora.
Ver los ventanales, las ventanas pequeñas,
todas las que la dejaron asomarse en ellas.
Las uvas. El racimo. El grillo debajo de la puerta.
El bichito de luz, tan solitario...
Y después el sol, marcando despedidas,
el pequeño alado, sus plumitas tibias,
ojitos vivaces, libertad en vuelo.
En aquel rincón de la casa de té
escribió sin ganas.
En tanto un aroma a rosas salía de la taza,
y la cucharita giraba, giraba...
Tanta era la ausencia, desmesurada.
Luego, en la cocina, las rojas ciruelas
del repasador, la planta de albahaca,
fotografías, risas, poses, el pasado
en cascadas.
Cómo desprenderse de la telaraña,
cuando no se quiere,
cuando la costumbre ha ganado espacios,
y florecen pétalos en lugar de flores,
y pasan recuerdos, y pasan y quedan,
y ya no se marchan.
El sol se escabulle en las altas ramas,
la noche se acerca, vestida de negro,
poblada de estrellas, misteriosa y mítica,
sin decir palabra.
Los pájaros duermen.
Despiertan sigilosos los seres nocturnos,
el día se ha ido...volverá mañana.
El día se ha ido...¿volverá mañana?
| Bajaban estrellas, doy fe de ello... |
Dios no está en las iglesias...no.
Hoy he visto al mendigo llamar a las puertas de la parroquia, cerrada.
Con su perro color canela, su pelo blanco, su voz quebrada.
Pero nadie abrió, nadie abrió...
Dios me ha cruzado en el parque, junto al lago.
Iba cabizbajo, preocupado. Movió sus manos y se agitaron las aguas.
Y volaron las aves blancas y negras.
Dios está en mi corazón, que palpita y se angustia.
Está en los pimpollos y en las hojas cobrizas, en los polluelos,
en los niños, en las estrellitas de sus ojos,
Dios está en las manos de los que hacen buenas obras,
y en las lágrimas de dolor y de alegría.
...
Y suenan los acordes de Um Amor infinito,
Margarita nos espía detrás de las ligustrinas,
y no existe ninguna placa con su fotografía.
Mi madre me dice que me lleve el pocillito de vidrio.
No, no lo llevo. Pruebo el dulce y lo dejo, en el aparador de siempre.
Con su canasto de mimbre la abuela me invita a juntar los marlos.
Y se ordenan en filas los orejones sobre la chapa de zinc.
Caen las tardes en el paraisal, mientras recorro el campo, rodeándolo.
Por las vías pasa el tren de carga y para el cochemotor en lo del Doro.
Mis tías cosen y bordan, trenzan el trigo, hacen bolsos y sombreros
que le venderán a la Nica, en el pueblo.
El Padre Juan Esteban predica el evangelio entre nubes,
y asisten los feligreses que tanto lo quisieron.
Amanece con luz de lamparita y se enciende la cocina a leña.
Los perros se desperezan, saludan, y ladran (por las dudas).
Y dice mi tío que es el cardenal el que rompe la noche y anuncia la aurora.
Y abro mis ojos, y escucho los acordes del zorzal.
Delantal blanco, piso brillante, y los altos tacones de la Sra. Porota, la bibliotecaria
de mi escuela primaria.
Un teatrillo de títeres y yo soy el hada. Visto de rosa y tengo varita mágica.
Suenan frecuencias uruguayas en la vieja radio.
Mi padre saca cuentas y toma mate amargo. Aún no se ha muerto, aún tiene esperanzas.
No ha perdido todo, tiene sueños, proyecta futuros.
Nosotros -mi hermano y yo- somos niños. Leemos cuentos, trepamos árboles,
comemos mandarinas y nos peleamos.
Tengo un pequeño cementerio de pichones de pájaros que han muerto en las tormentas.
Le temo a los truenos.
Junto flores silvestres y canto en el mimbre de los Vazquez.
...
Es la siesta y camino lenta por el viejo sendero de palomas y cipreses altos.
Llevo ramos de flores de jardines etéreos y me lavan la cara las lágrimas que caen.
Recorro lentamente los pasillos soleados, reconozco los nombres,
me detengo, voy repartiendo flores y capturando instantes...
...
Y a veces estoy tan, pero tan triste, que sólo escribir me da consuelo. ***
| Son tantos los recuerdos...suelen aparecer, como por sorpresa... |
| Como su Ángel de la guarda, aquél que siempre la acompañaría... |
| Hubo tantos y tantos cielos amados...y los llevaría consigo... |
| Y toda la luz que siempre celebró iluminó su oscuro trayecto... |
| Eras todo luz, brisa, poesía... |
| ..y lo serás por siempre en mi memoria... |