Las cosas que me gustan...

  • Me agradaría saber que pertenezco a una especie que fuera capaz de respetar la vida en todas sus expresiones y convertir al Planeta en un gran hogar para todos...
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domingo, 24 de mayo de 2020

Mi pincel...

En los días claros, de celeste cielo,
pierdo la mirada en su quieto espejo
e imagino diminutas bailarinas
y duendes pequeñitos,
y flores con sombrero,
y sombreros en barco,
y barcas en el mar,
en el mar azul, azul terciopelo,
y planetas debajo del agua,
del agua verde,
verde marina,
saladas olas,
hogar de delfines, orcas y ballenas,
corales y caballitos de mar.
Y cuando los cielos se incendian
de rojo, naranja y amarillo
veo grandes pétalos
de achiras rojas,
vestidos de danza,
muñecas olvidadas...
A veces, a veces tan solo,
en los cielos grises del otoño
veo rostros tristes, recobro a los míos,
me miran, me miran...quizá me preguntan...
y yo me anticipo, y les aseguro: no los he olvidado.
Cielos de tormenta y rayos recuerdo,
y veo una niña, un sulky, una lona,
y escucho plegarias que reza mi madre,
y los gritos de mi padre al noble alazán,
el cielo se cae, se cae, me aplasta...
pero ya no importa,
he vuelto a casa.***





domingo, 12 de abril de 2020

En tanto mis ojos...

Sentada allí, frente al ventanal...
serenos los pájaros,
serena la brisa,
tumultuosa su alma.
Y la música, eterna compañera,
expandiéndose al compás
del palpitar en sus venas,
abriendo cofres de recuerdos,
sanando algunas heridas,
dulcificando sinsabores.

La fiesta de las rondas,
la biblioteca vidriada,
los tacos altos,
el pañuelo bordado,
los macachíes rosa.

El vuelo en sus brazos,
la falda tableada,
ideales intactos,
la vida por delante.

Los años que pasan,
escenarios cambiantes, 
la mirada asombrada...
a pesar de todo,
a raíz de todo.

Y el sendero actual,
despoblado de otros pasos,
fantasmas amados
acompañan su marcha.

Frente al ventanal,
un pocillo humeante,
un libro entreabierto,
las luces  titilantes.

Y así siguen pasando,
cual diapositivas,
los fragmentos desordenados
de su alma,
acunados por voces
poco a poco olvidadas...

Notas en el piano,
luna plateada,
hojas blancas.

Es noche y te traigo,
frente al ventanal
me miras...
Y todo se esfuma,
en una cometa
de estrellas doradas.***



¿Y acaso dependía de alguien más lo que ella recordara?

viernes, 3 de abril de 2020

La barca.

No sabe si el sonido del agua
va debajo de sus pies,
recuerda -o cree recordar-
era el barco-vapor,
y sus manitos apretadas
a la falda de su madre...
la mirada lejana de su padre,
hundiéndose en la tarde
trágica de su propia orfandad.

La plaza, aquel banco,
cómo sospechar sobre el presente
protegido, cómo prevenir
y cambiar la escritura,
artilugios vanos, disfrazar
realidades, cambiar de senderos,
esquivar las piedras, tomar un atajo.

Y los años...los años y el tiempo,
la brisa que pasa,
los espejos rotos,
los portaretratos.

El barco, el plafón de madera,
el puerto, el ancla.
El Capitán, las pisadas rápidas.

Ligeras las olas sobre el río de los pájaros,
sueños como aves trémulas en su flequillo corto,
en su vaporoso vestido a lunares.

Presente.
No están...ellos ya no están.
Los gaviotines blancos,
los patos siriríes,
la calandria cantora.

Canastos con siemprevivas,
amarillas y rojas, rojas y amarillas.
Caminos tan largos,
refugio sin brazos,
y el río que pasa, el río que pasa,
no vuelve...se marcha.

Memorias.
Siesta ensangrentada.
Mirada quebrada.
Gotitas de sangre, flores de altos talles,
los fardos de pasto,
el tordillo blanco.

Y ahora que soy casi como el río,
que paso, que fluyo...y me marcho...

                                                           Texto y Fotografía: mao.


Y en aquel espejo fragmentos y todo inundaron su alma...

viernes, 6 de marzo de 2020

En sepia...

   Desplazarse, caminar, dejar que la brisa me acompañe, sentir que somos una y sonreír.
Atrás han quedado, como detenidas en el tiempo, la interminable sucesión de rostros y de imágenes, las risas, las lágrimas, los anhelos truncos...
Un viejo y descascarado muñeco de yeso, vestido de azul, en sillita de madera. La calle es tan larga, tan infinitamente larga.
Los postigos verdes golpean, llaman... tal vez ellos los cierren, y será para siempre.
Una niña canta junto a los pájaros, encaramada feliz en la rama del mimbre gigantesco...o no tanto tal vez, sólo que ella es pequeña y frágil.
Antes, mucho antes, otra niña trepaba a los árboles para ver desde lejos llegar por el campo a su mejor amiga, Nené, mi madre, mi abuela, mis raíces.

Y arriba, arriba, surcaban los sueños caminos de estrellas.-***
Hubo un tiempo en el cual todo era posible...

miércoles, 12 de febrero de 2020

Pinceladas.

   Amo los instantes donde sueño que puedo detenerlos,
como cuando rodeo con la mirada el contorno de la luna,
la forma de un rostro, la magnificencia de un paisaje...

   Me gusta creerme dueña del silencio, amiga de la brisa,
traductora de los pájaros, e hilvanar canciones con versos
que no riman y notas bailadoras.

   Y suelo detenerme en medio de la gente, sólo para percibir
que no estoy robotizada; mirar los parpadeos del sol entre las 
verdes frondas de los árboles y los círculos perfectos en la
superficie del agua.

   Imaginar, por ejemplo, que cada tanto soy niña nuevamente,
e intrépida me subo a las ramas del mimbre, y vuelvo a escuchar, con profunda alegría, las voces de mis seres amados.

   Que amaso con fruición el barro y aparecen figuras pequeñas
de animales; que sigo atenta el vuelo errático de las mariposas y en las noches de verano me dejo guiar por los bichitos de luz.

   Es la infancia que nunca se marcha para siempre, que regresa y se instala en medio de mi pecho cuando estoy muy triste, que me seca las lágrimas si se pelan mis rodillas y me convida masitas con azúcar impalpable.

   Y es así como logro hablar con las hormigas, escuchar las abejas, y en los otoños dorados esconderme en los huecos de los 
árboles viejos y desplegar mi biblioteca diminuta de cuentos entrañables, de relatos familiares, de conversaciones bajo las 
estrellas, con faroles suspendidos de la luna, en cuarto creciente, o menguante...

   ¿Y cómo asegurar que no existen esos mundos?
Yo sostengo que sí...nadie encontrará argumentos para convencerme de lo contrario.***



Inolvidables voces anidan en mi alma...

viernes, 16 de agosto de 2019

Signos.

Sin espejos, no la ha visto caer,
sobradamente sabe que es una lágrima.
Y mientras mira, sin ver quizás, piensa 
que ya es tiempo de dejarlas correr,
hasta que se agoten en medio de la angustia,
hasta que truequen en sonrisas tibias, en 
carcajadas francas.
Y nada le parece en este instante más bello
que el sonido acompasado del reloj de pared,
y aquellas campanadas, con sabor a natillas
y perfume a leña, con trinos de pájaros en la 
aurora y lánguidos crespines en los atardeceres.
Entonces dibuja, dibuja líneas rectas y curvas,
traza callejuelas de tierra y empedradas,
recorta retazos estampados, mientras oye el
rítmico pedal en la máquina de coser;
más allá de las ventanas los naranjos de verano,
en la esquina el cedrón, sobre la veredita la planta
de la fortuna, las voces que regresan, una tras otra,
todas a la vez...
Noches frías crepitantes al fuego de la vieja cocina.
Mates que pasan de mano en mano,
tazones de loza, el cajón de los cubiertos,
las pavas negras, siempre con agua caliente,
las estampas de Molina Campos en la pared,
los calendarios, las fuentes rectangulares...

Doce campanadas en el viejo reloj.
Presidiendo el comedor los retratos ovalados de los abuelos.

Ha visto partir a tantos ya...todos amados.
Se aferra a los relatos, a la memoria,
los trae una y otra vez.
Se siente así menos frágil.

Su padre la abraza, la tapa por las noches.
Su madre reza con ella el "ángel de la guarda".

En una escalera eterna
se suceden los escalones gastados.

Y es la vida tan sorprendente,
como también lo es la muerte.-

sábado, 30 de marzo de 2019

La soledad de los objetos...

De repente me vi, fuera del mundo, más allá de lo inteligible.
Y en el silencioso espacio de lo que llamamos vida
yacían mis objetos, como esperándome.
Aquí y allá los libros, los olvidados, los antiguos, los nuevos.
Mis cuadernos de escritura, las pequeñas libretas ayuda-memoria,
la taza preferida, el espejo del aparador antiguo,
las cajas con fotos, las historias rotas, los sueños a cumplir.
En el placard los vestidos de fiesta, los trajes de danza,
el vestido bordado del ajuar de mi tía, mis guardapolvos del
Jardín de Infantes, el de la Primera Comunión...
Las aspas del ventilador detenidas, la cama sin tender,
cortinas bajas, sillas con almohadones, una birome azul.
En la cochera el auto que ansía las rutas, y en el techo
los llamadores de ángeles, los atrapasueños.
Un racimo de uvas negras, una frutera, los recuerdos
recientes de los objetos amados por mi abuela y mi madre.
La puerta cerrada. Las plantas...tristes. Y una nube blanca
pasando despacio sobre mi lapacho rosa.
El jazmín esparciendo aromas de nostalgia,
errantes los caracoles, callados los pájaros.
Una pequeña olla, un par de cubiertos, un vaso azul, dos
compoteras, la cuchilla de mi padre, su ponchillo beige, la biblioteca de mi hijo,
su escritorio, sus pinturas, las cajas con apuntes,
mi computadora, las agujas de tejer, los ovillos, el centímetro,
los collares de mis perros, las cuchitas revueltas,
los dibujos de mi sobrina, mis peluches, mis muñecas.

Y llegarán ellos, propios y extraños, y casi sin reconocer
a los testigos, pasarán raudos, esquivando el llamado,
aferrados al presente.

Consciente de todo me pregunto si he muerto.
Elevando mi mano tejo los recuerdos.
Y quizá lloro...por ellos, por mi, por los otros.

Absoluta visión de lo efímero, y de lo trascendente.*

Y un haz de luz iluminó aquel sendero...
                                                                                            Texto y fotografía: mao.

sábado, 2 de septiembre de 2017

"Enhebrando despedidas".

Aún escucho las voces, las risas, los pasos...y recobro el tiempo que nos unió.
Desapareció.
Del espacio físico desapareció.
La vieja montura, los arreos de cuero, las fustas...
Flotan en el aire, fantasmales.
Por el campo verde vuelan las aves blancas.
Marchitos, los pasos se detienen.
No están, no vendrán...¿no ves acaso que no llegarán?
El tren pasa, inmerso en su cadencia de rieles y soles.
Ha pasado...no regresará.
La cocina a oscuras se enciende de luces,
se entibia de brasas, se puebla de voces.
¿No sabes acaso que no volverán?
El jardín vacío de flores y nidos, de golpe 
se trueca en trinos y colores.
Florecen las fresias, la fortuna, la nácar,
cascadas naranja, macetillas, brujitas.
En gráciles vuelos pasan picaflores.
¿No entiendes...? No están.

Cruza la laguna la luna de plata.
Cruza por su rostro un mantón de lágrimas.

Y se queda así...
fabricando sueños de memoria viva,
tejiendo las hebras del propio destino.***

                                                                    mao.

miércoles, 15 de marzo de 2017

"Y marcó las tres..."

La ventana podía ser tan estrecha
como amplia.
No dependía de sus extensiones longitudinales,
tampoco de las formas geométricas.

Ella miró, como acariciando con la mirada.
Los verdes bajo la lluvia eran más intensos.
El ocre presentido no era visible aún.

Le gustaba escaparse por aquellos ventanales,
los que abría su imaginación sin límites.

Un ruido de turbinas le devolvió el pájaro pequeño,
muerto en vuelo, y pudo sentir su temblor último,
en el hueco anidado de la mano.

Con paraguas destartalado y guardapolvo blanco
caminó presurosa rumbo a la escuela...
colchones amarillos cedían a su paso, y gorriones
redondos piaban amaneceres con escarchas azules.

Reunidos junto al fuego, crepitantes las brasas,
circulaban palabras en relatos.
Por entonces todo era posible...y todos estaban allí...
Y era musical el repiqueteo de la lluvia en la galería
de chapa, tanto como los trinos lejanos de las aves, 
tanto como la danza de las hojas de las palmeras en el viento.

Botas cargadas de barro en la entrada,
a buen resguardo.
Y en el comedor vacío resuenan las horas
del reloj campana...un cuarto...media..la hora que
pasa, la hora que llega.

En la habitación contigua se mece un viejo sillón
de mimbre, detrás la antigua cama, postigos verdes,
la Virgen de vidrio, el baúl añejo que guarda aún 
los sueños junto a los ajuares.

Un salto en el tiempo.
Voces que se marchan.
Pasos que se alejan.

El viejo molino. Aguas cantarinas.
Pasador que suena, los hijos, los nietos.

Las plantas en tarros. El cedrón. Los naranjos.
Niditos de picaflor. Jazmines blancos y perfumados
en los patios...

En algún sitio arrumbado del destino
el antiguo reloj marca sin parsimonia las tres
de la tarde.
En un hogar de mesas largas y memorias confusas
alguien levanta a alguien, 
alguien que olvida poco a poco
quiénes fueron los habitantes de su vida.

Y entonces regresa la noche aquella,
cuando el cielo poblado de tantas estrellas
le mintió a descaro que era eterno.***


...dejó sus huellas, para que no lo olviden...

miércoles, 1 de junio de 2016

Difusa trama...


De blanca palidez
se vistió su cara.
En tanto, los jazmines
habitaban sus manos...
tan frías, tan lejanas.

Fresco aire de azahares
se esparció en la brisa,
receloso de altares,
habitante de estíos,
sultán de amaneceres,
nido de colibríes.

Casas de mariposas.
Mariposas cazadas.
Hadas de medianoche.
Violetas de invierno.
Guantes de cabritilla.
Collar de perlas.
Persianas verdes, alargadas.

Trino del cardenal
cortando la noche,
anunciando el alba.
Pasos y voces.
Silencios largos.
Aullido de perros,
lastimeros, tristes.
Todo en derredor
detenido en la escarcha.
Era una madrugada,
una...entre tantas.

Humeante, el café
la despertó sin prisas.
¿Prisa para qué?
¿Por qué? ¿Cuándo?
Suelen ser metálicas
las preguntas sin respuesta.

Arriba y afuera,
la noche vestía 
su mantón de estrellas.
Estrellas titilantes,
doradas, fugaces,
estrellas como notas
de una canción olvidada;
inalcanzables,
almacenando sueños,
acompañantes mágicas
sin pócimas, sin conjuros.

Allá, muy por detrás
de las palmeras esbeltas,
se arremolinan vientos
pasados y remotos.
Navegan en sus alas
peticiones extrañas,
deseos inconfesables,
palabras desenhebradas.

Embudos de recuerdos
anudan risas,
destilan lágrimas.

Ella escucha sus pasos,
ella...y sólo ella.

Ella canta canciones,
enreda notas,
 pisa descalza.

 Ovilla sus penas,
aletarga horas,
deshoja miradas.***
                                                                 mao.



...hubo un tiempo...

jueves, 28 de enero de 2016

Su rostro...



En el borde difuso
entre el olvido y lo imaginario
se detuvo...

planeó suave y quedamente,
como si se esfumara de a poco.

¿Cómo asegurarlo?
Quizá sólo lo soñó.***



Ya no pudo reconocerlo...
Fotografía: Gabriel Barbabianca. Artista. 

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Indeleble.

Olvidó sus lágrimas...
y quedaron dispersas por ahí...
las encontró la lluvia, 
transformándolas en perlas
transparentes, ovoides, blondas,
movedizas, frágiles, etéreas,
mutantes, espejadas, suaves...
capaces de retener
la memoria del mundo.

La suya también...quizás.***




...Y en cada una de ellas se contaban historias...


TEXTO y  FOTO:  M.A.O

martes, 4 de noviembre de 2014

Era...

   

El silencio era casi patrimonio
de aquellas madrugadas frías.
Dormía el pueblo entero
sueños de horizontes lejanos,
personajes diferentes,
días sin rutina.
Él, despertaba antes,
mucho antes de que todo despertara.
Ardían discretos los leños en 
la pequeña salamandra.
La pava hacía ese ruido 
particular, único, acercándose
al justo punto...antes del hervor.
El mate, amargo.
Papeles, boletas, documentos.
Manos de dedos gruesos, toscos,
pero seguros. Incapaces de tocar
un piano. Ejecutivos en su oficio.
Oficios...profesiones....opciones...
prisiones.
Y alguien le había dicho que ella 
corría en aquel patio.
Lo recordaba. Cuando ella murió
sólo tenía cinco años.
Creyó haber olvidado. Vivió.
Derribó barreras. Construyó.
¿Fue feliz...? No lo se...no lo supo.
El mate. La pava. Los números. La radio.
Madrugadas de pueblos chicos
con cielos azules, con muchas estrellas.
Gallos despertando el día.
Jardines con malvones y cascadas con picaflores.
Bares en algunas esquinas.
Domingos de carreras y cantina.
Sulkis tirados por caballos zainos.
Billar. Truco. Caña.
Camisa celeste. El viento. Los recuerdos.
El dolor. La sangrante cicatriz.
Verano con madrugadas sin luna.
Sopor.
Miró sin ver. No dijo adiós.
Se columpió de puro hartazgo.
Y se marchó para siempre.
Tarde de sol abrasador.
Tumbas blancas. Cipreses verdes.
Arrullos tristes de palomas grises.

Le dije adiós...***

..No se si existías.....o te imaginé...


...pero sigo esperando tu regreso....
Pintura de Julio Lorente. "Silencio."





                                                                                                                                      TEXTO: M.A.O

sábado, 9 de agosto de 2014

Años que pasan...

Un cuenco, un cuenco trizado,
estallido.
Y érase el camino como un laberinto,
intrincado, peligroso, oscuro.
Un paso, otro, y quizá el abismo.
¿Cómo discernir lo justo?
¿Lo correcto...?
¿Existe acaso..?
Un viento huracanado que todo lo arrasa.
Así era. Así fue...
Cansancio.
Profundo, renovado, insistente.
¿Dónde...hacia dónde?
Una dirección y dos sentidos.
Así aprendimos.
Pero no es así.
Infinitos sentidos abarcan
el horizonte.

      ...

Preguntó otra vez.
Por undécima vez.
Otra vez respondió.
La onceava respuesta.
Y siguió hablando,
apenas coherente,
hilando con dificultad,
atrás estaba todo muy claro.
El pasado aparecía nítido,
los personajes vívidos,
felices, unidos, jóvenes.

      ...

Y llegó el día siguiente.
Y el otro. Y otro más.
Y cada vez volvió a preguntar,
sólo porque había olvidado.
Y esta vez, el olvido era irreversible.

     ...

Se aferró con ahínco
a las cosas, los objetos,
los portarretratos de rostros sonrientes,
los hábitos adquiridos,
la rutina sin riesgos,
las mismas veredas,
lo reiterado, lo conocido,
lo aparentemente inamovible.
Pero todo es tumultuoso,
aún cuando parezca sereno.
La laguna clara, encierra voces queridas.
Los viejos eucaliptus, abrigan nidos vacíos.

      ...

Una casa con historia
se sostiene en el tiempo.
Naranjos. Mandarinos.
Las ausencias.

     ...


Ella olvidó quién fue.
La que fue, no pudo olvidarla.
Y permaneció por siempre...
al ras de su propia historia.

     ...

Un espejo.
Una cajita de música.
Una alianza.
Y se confundió su rostro
con la limpia y clara sonrisa
de aquella fotografía.***



Y hubo un tiempo....y entonces fue afortunada....



Texto: M.A.O
Fotografía: NIBALDO GUERRA FIGUEROA - CHILE.
Título de la obra: "Naturalmente."

miércoles, 10 de abril de 2013

Voces.

Solapadamente.
No de puro sigiloso. 
Asolapado. Asomado debajo de una solapa.
La Solapa. Solapa ennegrecida de hollín.
Negro humo de humo de la chimenea negra.
Negra la piel. Negros los ojos.
Y el alma, blanca.
Todo por hacer.
Inocencia sutil. Claro desliz.
Límite del no y el sí.
Si estuvieras...
Pero no. No estás.
O estás. No te veo. 
Pero estás.
Recuerdo -que no estoy segura si es lo mismo-
que me sonreías desde ahí, ese sitio, ese lugar.
Imagino -que estoy segura no es lo mismo-
que me hablabas en tanto yo te escuchaba.
Por entonces, éramos los dos.
La tragedia, la tuya, no mía.
Algo que sólo te pertenecía a vos.
Heredero de secretos y silencios.
Me hiciste tu heredera más dilecta.
Voces. Gritos. Voces.
Y la palabra que debió ser dicha enmudeció.***


La trama...la trampa...



Texto y foto: M.A.O

sábado, 1 de septiembre de 2012

VOYAGE.


Jirones de luz y sombras.
A lo largo de la ruta
se desplazan fantasmagóricas
siluetas.
Las miro, las miro, jamás 
me cansaría de mirarlas.
Conozco de memoria los montes,
las palmeras caranday.
el lento desfile de las alambradas.
Tranqueras rústicas,
galpones largos,
arboledas densas
anidando a una casa pequeña.
Lagunas, pastizales,
el río Gualeguay y el añoso puente,
el remedo de palmar en medio de los campos,
mojones estoicos de yatay elegantes,
pinceladas de ranchos, huertas familiares;
la ciudad deslucida y chata, la plaza, la iglesia...
Hace tantos años que ando y desando 
el camino, la promesa siempre
presente del regreso, 
el latido del tiempo,
recuerdos,
adolescencia aventurera y adultez
desbordando ensueños,
garzas blancas en bandadas al ras
de las aguadas,
teros bordeando la moderna cinta
 remozada cada tanto,
horneros con sus casas, marrones,
andar rápido, conciencia de pájaro,
solitarias cigüeñas, halconcitos
bastoneros, lechuzas, benteveos,
larguísimas barreras 
de eucaliptus verdinegros, 
 ceibos de troncos
retorcidos, horquetas;
las vías del ferrocarril,
silos gigantescos, vigías
de lata, depósito de esperanzas;
medio centenar de kilómetros,
cinco decenas tan sólo,
cada indicador bordeando
el camino te acerca ...o te aleja,
una dirección, dos sentidos.
En aquella curva
el monte de ligustros,
Villa Clara, Ingeniero Sajaroff
testimonios de gauchos judíos,
otro siglo, otra gente,
reminiscencias...
el itinerario que sigue, que va, que viene,
que sólo está;
la pequeña capilla de San Andrés,
niñez de madre,
desmayos entre ostias y jacintos,
comunión de los niños,
sagrado espacio rural,
remembranzas...
San Miguel, la estancia de los Castro,
la familia Cabrera, las vacaciones
de mi hermano;
el Gualeguaychú, torrente marrón,
ímpetus por llegar al río de La Plata,
hacerse mar, volver en olas,
puente blanco.
A la derecha, casi llegando ya,
el boliche de Cooke, lo que de él
rememoro, la pista de baile (inexistente hoy),
adolescencia, primeros bailes,
quince años a estrenar.
Y la alambrada parece
un hilo conductor.
La Virgen en la gruta,
la bicisenda, la cooperativa arrocera...
Poco a poco se ve la ciudad,
los nuevos emprendimientos,
termas, bungalows, turismo 
a pleno; aún quedan vestigios
de aquél, el que fuera mi pueblo,
aunque me da la sensación
de que sólo yo los reconozco,
todo ha cambiado tanto...!
He de beber cada imagen
en cada uno de los viajes,
veré acercarse el horizonte,
sin alcanzarlo nunca,
habrá lluvias, amaneceres,
media tarde somnolienta,
anocheceres tibios,
noches frías,
habrá un montecito pequeño,
de espigados árboles ajenos
a mi presencia efímera,
al paso de los transportes...
a la vera de una lomada,
con el sol entre el follaje,
junto a los pájaros...
esa arboleda pequeña
un día me verá pasar,
mas no la veré ya,
irá inscripta en la memoria
eterna,
el eterno ciclo de la vida,
la mortaja en duelo de la muerte;
no veré la torre de la iglesia
asomando, blanca, clara,
nada veré,
pero todo irá conmigo,
a la morada última,
frazada de humus,
flores frescas,
irá conmigo, 
se llevará el sol entre las ramas
y el trino póstumo
de mis calandrias.***



                                                       Texto: M.A.O

                                                         Foto: M.A.O





sábado, 28 de julio de 2012

Tú, mi padre.

   He pensado en las pinceladas blancas que
el rasgado atardecer mostraba en uno de sus flancos.
Recuerdo tu silueta, la cortina musical del "Bar de Casimiro",
la vieja silla de hierro pintada de turquesa, tu delantal algo manchado, el mostrador, la balanza, la mesita movediza con cajón incluido, aquella mole llamada sierra, el friso verde oscuro, la puerta hacia el fondo, tu última puerta...


    Estrujo el recuerdo para escuchar aquellas, las palabras, la despedida, y te veo otra vez darte vuelta, alejarte agobiado, volando tu camisa. Y no te encuentro. Lo se. Se que no estás. Lo se. Pero aún sabiéndolo guardo la esperanza de volverte a ver, aunque la espera sea absolutamente ilusa, plena y real, descaradamente errónea, descarnada y cruel, inútil....


    Y cómo olvidar tus manos y las estrellas en tus ojos. Me he interrogado acerca de si las estrellas estaban sólo cuando reías o estaban siempre...atesoraste luz  para trocarla con toda la oscuridad que bebiste. Manos amplias, gruesas venas, mirada triste.






    


Apresuraste los pasos para llegar más pronto. Quemaste la infancia sin desearlo, quizá la incendiaron otros. Adolescencia de adulto que arremete al mundo. Decisiones. Zozobras. Adicciones.
Dolor. Intenso. Dolor.

    Y fue de madrugada, un amanecer rojo, una iglesia sin campanadas. Alzaste tus huesos sobre la derrota. Soltaste tu vida.
Hallaste la nada. Mediste tus fuerzas en un mano a mano con la muerte, estabas convencido de que ella ganaría la partida.


     Esperé. Creí que era sólo un sueño oscuro, un retazo lejano de otras vidas. 
     Nunca volviste. Quedaste ahí, suspendido en el aire y en el tiempo. Alejado de vos....y de nosotros.
      Te fuíste. 
       Cruzaste por fin la última barrera....desapareciste.
       Sólo que seguís aquí. Seguís en mi memoria.***




                                                                 TEXTO: M.A.O

lunes, 2 de julio de 2012

NACIMIENTO.

Hoy es un día especial.

Recuerdo aquella madrugada de 1.982. 
La larga mañana del segundo día del mes de julio.
El mediodía.
La siesta.
Las 15:05 horas.
El Hospital.
La sala de partos.
Un nacimiento.
Tu nacimiento.
Y de ahí en más tu vida y la mía.
Dos vidas.
Un lazo.
Dos caminos.
Un puente.
Dos miradas.
El mundo.
Las huellas.
Las búsquedas.
La libertad.
Lo indisoluble.


"Maternidad". OSWALDO GUAYASAMÍN.


TEXTO: M.A.O


domingo, 20 de mayo de 2012

Humo fragante...

Los círculos en el agua, los círculos en la masa de torta
que he batido con empeño...he arrojado una hoja ocre,
no hubo círculos, sólo un rumor, casi imperceptible.
Los vidrios dejan ver un tarde gris, brumosa; 
suenan canciones en la radio.
La tijera, el mantel, la aguja, el mate, mi reflejo 
en la puerta caoba del aparador.
Yo la vi, era ella, ella con su rostro tan particular,
con su expresión de no asombro, su no sonrisa.
Ella ya no está, se fue primera, se fue para siempre,
al menos se fue por el tiempo que desconozco,
por toda la vida que me espera y nos espera a los demás...
esos, los que fuimos, los que vamos hoy por caminos tan disímiles,
diferentes ventanales, coches, vestuarios, ideas, amores...
y alguna vez todos estuvimos de cara al pizarrón,
soñando el futuro, armando andamios de distancias,
mirándonos, creciendo...
Y el tiempo, ese misterio, las voces, recuerdos.
Gira que gira, vertiginoso, y no alcanzan los segundos
para captar el todo. Fragmentos deshilados se caen
en el laberinto de mi mente.
Todos están allí, donde los olvidé un día.
No hay nadie ya. Todos se han marchado.
Un febril gusanito se convierte en seda.
Los rayos del sol -que no son rayos- caen en picada
desde el atardecer a la noche.
El mundo se mece en un ensueño ausente.
Por las calles frías transitan los vivos.
En una esquina roja y azul alguien otea dentro de un conteiner.
Una espiga retorcida yace debajo de un auto.
Miles de ojos rectangulares miran sin ver.
Luces de dimanche. Focos de neón.
Una canilla dejó caer su catarata translúcida,
corría el agua como desesperada.
En otro lugar alguien miró el cielo suplicando,
ni una gota, suelo reseco, plegarias en eco.
Sus ojos se quebraron de tanta espera.
Una melodía envolvió el tic-tac del reloj.
Alguien preguntó, alguien lloró, alguien se aferró al silencio.
La cámara digital, fotografías, espectros.
El estuche de los anteojos negros, el cuaderno de tapas rojas,
el diminuto monedero a cuadros.
Un lápiz de color verde, una vincha de terciopelo marrón.
Cajita de fósforos de cabecitas color obispo.
El cura del pueblo besó su anillo. El incienso quedó allí,
nunca se fue del todo, los vitraux refractaron la luz en líneas oblícuas.
Mi fe...quedó allí, entre los bancos largos de la vieja iglesia,
con el guardapolvo almidonado, cayó sobre los peldaños
de la puerta principal,
justo cuando estallaban las flores blancas y
un coro de ángeles me decía adiós.
Por las diagonales de la plaza avanzan fantasmas
de medias tres-cuarto, la bandera bicolor los aúna,
discursos eternos,chocolate en taza, plátanos dorados.
Me siento junto al tajamar mientras se aleja despacio la tarde.
Ondas pequeñitas dibujan sonrisas en el agua.
Detrás de la arboleda me esperan la mesa larga, la cocina a leña,
mi adolescencia, los augustos retratos de mis abuelos...


Silencio. Hago silencio.
Miro. Veo. Bajo la yema de mis dedos se desplazan
las letras del blanco teclado de mi computadora.
Vengo de un largo viaje.
House between the trees. GEORGES SEURAT.


TEXTO: M.A.O
Estoy aquí. ***

lunes, 9 de enero de 2012

Y fue por entonces....

Recuerdo los veranos de mi niñez, dulce sabor de nísperos y uvas bajo el parral, rueda de mates -amargos y dulces, con cedrón- siestas cortas, pastizales verdes, los naranjos de ombligo ofreciendo sus mejores frutos, la charla amena, lo cotidiano volviéndose mágico para mi, que no vivía siempre en el campo, que los visitaba dos veces al año para quedarme...Cómo amaba las noches de luna llena sentada junto a mis tíos en la punta norte de la galería de chapa, mientras nombrábamos las estrellas y a lo lejos podían verse las figuras de los árboles y los animales. Los perros junto a nosotros, echaditos, escuchando - o sólo oyendo, vaya a saber...- la mesa larga, las fuentes enormes, todo era desmesurado y bello entonces. Presidiendo el comedor los retratos de mis abuelos, muy solemnes, con ropajes de casamiento...mi lugar en la mesa, de prestado, junto a mis dos tíos (uno zurdo, como yo), y las risas para no entrechocar los brazos. Los bancos viejos y largos, muy largos, albergando el descanso silencioso después de las faenas. Cómo amé los atardeceres con el sol escondiéndose tras el paraisal y los eucaliptus, mientras me encaramaba en lo más alto de un tronco enhorquetado. Es magnífica la niñez, todo es extraordinario...para mi al menos lo fue, y se que fui afortunada. Hoy la casa de los abuelos sólo alberga la vida de dos tíos...todos los otros ya no están, como todo, la niñez también pasa...Recuerdo que, después de algunos años de estar lejos de mi pueblo, regresé a la casa y me pareció pequeña, las salas ya no eran tan largas ni tan altas, es que había crecido yo o la casa se había achicado...no quise preguntármelo demasiado, tuve miedo de que otras cosas se derrumbaran. El viejo galpón de chapas rojas, pizarrón de todos los nietos, habitáculo pleno de máquinas antiguas, lleno de historias de antaño...ahora lo veo, tan desgastado, medio ladeado, mi tío hace magia para tenerlo aún vigente!! Adoro a mis tíos, la luna llena que clareaba el campo, los choclos asados, los grandes tazones de leche fresca, recién ordeñada, el perfume de azahares y la bomba del agua en el centro del patio, nunca más tomé un agua como esa, nunca tan fresca, nunca tan rica...la huerta colmada de calabazas, zapallitos de tronco...qué delicia!, tomates rosados, lechuga de enormes y coquetas hojas verdes, repollos sabrosos...y el guisado y las natillas de mi tía ...qué bella mi infancia, qué bella....vuelvo a ella cada vez que la tristeza o la preocupación me asaltan por sorpresa, me meto en sus senderitos, reencuentro mis juguetes, mis amigos, el brazo fuerte de mi padre, el amor desvelado de mi madre, recuerdo las canciones, los cuentos, el reloj de campanadas....y entonces ya no estoy tan triste, y doy gracias...no se si a dios, al destino o a quién, pero se que debo ser agradecida, porque agradecer es celebrar la vida, y yo la celebro...***

                                        Texto: M.A.O
Parte de la Plaza Urquiza y vista de la iglesia de mi pueblo de origen, Villa Elisa

Capilla Virgen Niña, Villa Elisa, Dpto. Colón, E.Ríos, Argentina

Interior de la iglesia, una de sus naves...
                                        Fotos: web