Las cosas que me gustan...

  • Me agradaría saber que pertenezco a una especie que fuera capaz de respetar la vida en todas sus expresiones y convertir al Planeta en un gran hogar para todos...

lunes, 9 de enero de 2012

Y fue por entonces....

Recuerdo los veranos de mi niñez, dulce sabor de nísperos y uvas bajo el parral, rueda de mates -amargos y dulces, con cedrón- siestas cortas, pastizales verdes, los naranjos de ombligo ofreciendo sus mejores frutos, la charla amena, lo cotidiano volviéndose mágico para mi, que no vivía siempre en el campo, que los visitaba dos veces al año para quedarme...Cómo amaba las noches de luna llena sentada junto a mis tíos en la punta norte de la galería de chapa, mientras nombrábamos las estrellas y a lo lejos podían verse las figuras de los árboles y los animales. Los perros junto a nosotros, echaditos, escuchando - o sólo oyendo, vaya a saber...- la mesa larga, las fuentes enormes, todo era desmesurado y bello entonces. Presidiendo el comedor los retratos de mis abuelos, muy solemnes, con ropajes de casamiento...mi lugar en la mesa, de prestado, junto a mis dos tíos (uno zurdo, como yo), y las risas para no entrechocar los brazos. Los bancos viejos y largos, muy largos, albergando el descanso silencioso después de las faenas. Cómo amé los atardeceres con el sol escondiéndose tras el paraisal y los eucaliptus, mientras me encaramaba en lo más alto de un tronco enhorquetado. Es magnífica la niñez, todo es extraordinario...para mi al menos lo fue, y se que fui afortunada. Hoy la casa de los abuelos sólo alberga la vida de dos tíos...todos los otros ya no están, como todo, la niñez también pasa...Recuerdo que, después de algunos años de estar lejos de mi pueblo, regresé a la casa y me pareció pequeña, las salas ya no eran tan largas ni tan altas, es que había crecido yo o la casa se había achicado...no quise preguntármelo demasiado, tuve miedo de que otras cosas se derrumbaran. El viejo galpón de chapas rojas, pizarrón de todos los nietos, habitáculo pleno de máquinas antiguas, lleno de historias de antaño...ahora lo veo, tan desgastado, medio ladeado, mi tío hace magia para tenerlo aún vigente!! Adoro a mis tíos, la luna llena que clareaba el campo, los choclos asados, los grandes tazones de leche fresca, recién ordeñada, el perfume de azahares y la bomba del agua en el centro del patio, nunca más tomé un agua como esa, nunca tan fresca, nunca tan rica...la huerta colmada de calabazas, zapallitos de tronco...qué delicia!, tomates rosados, lechuga de enormes y coquetas hojas verdes, repollos sabrosos...y el guisado y las natillas de mi tía ...qué bella mi infancia, qué bella....vuelvo a ella cada vez que la tristeza o la preocupación me asaltan por sorpresa, me meto en sus senderitos, reencuentro mis juguetes, mis amigos, el brazo fuerte de mi padre, el amor desvelado de mi madre, recuerdo las canciones, los cuentos, el reloj de campanadas....y entonces ya no estoy tan triste, y doy gracias...no se si a dios, al destino o a quién, pero se que debo ser agradecida, porque agradecer es celebrar la vida, y yo la celebro...***

                                        Texto: M.A.O
Parte de la Plaza Urquiza y vista de la iglesia de mi pueblo de origen, Villa Elisa

Capilla Virgen Niña, Villa Elisa, Dpto. Colón, E.Ríos, Argentina

Interior de la iglesia, una de sus naves...
                                        Fotos: web

6 comentarios:

  1. Yo recuerdo cómo invadía el sopor en las sietas estivales, para despertarme sin saber el día en que estaba. Tambien recuerdo cómo observaba las prtículas de polvo suspendidas en el aire que eran iluminadas por un rayo de sol que se filtraba a través del hueco de la ventana entornada.
    La placidez del verano en la infancia

    ResponderEliminar
  2. ¡Qué hermoso compartir recuerdos de aquellos tiempos! siempre creo que, cada uno de nosotros, lleva en si algo como un cofre, una mochilita, donde están todos los recuerdos que constituyen el andamio de nuestras existencias.
    ¡Gracias por traer aqui algo de tu cofre personal!!
    ¡Muchas gracias Eduardo!!
    Saludos!

    ResponderEliminar
  3. Bellísimo Mabel!!!!! Es verdad lo que decís, hay que agradecer que tengamos esos buenos e inolvidable momento en los cuales nos podemos refugiar e incluso reencontrarnos con nosotros mismo y con la vida. Cuando uno va creciendo a veces pierde un poco la capacidad de asombro y también esa fe ciega en el universo y uno mismo, esa sensación que tenía cuando miraba a las 3 de la tarde la calle vacía a causa de la siesta y sentía que el mundo era mío y tenía un mar de posibilidades.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  4. Si, entiendo lo que sentías. Un sentimiento similar me despiertan los días lluviosos. Suelo pensar que todo en el mundo está muy cerca, que todo me pertenece mientras cae la lluvia sobre las tejas y las chapas, se deslizan las gotas en el follaje de árboles y plantas y corre vertiginosa el agua en las cunetas. Recuerdo los chapaleos de la infancia, los barquitos de papel de diario, los "tesoros" que arrastraba el agua en su desbocada carrera...
    ¡Gracias por tus recuerdos Cecilia!
    Besos para vos!!

    ResponderEliminar
  5. he pasado por la ruta 14 muchisimas veces y no ingresado a Villa Elisa , ya compré boletos para mi próximo viaje

    ResponderEliminar
  6. ¡Te encantará! Es una ciudad que ha crecido pero aún conserva sus aires de pueblo, de aquel pueblo que dejé al partir.
    ¡Gracias por visitarme aquí!
    Y que la próxima vez la famosa ruta te acerque al lugar donde están mis raíces.
    ¡Saludos!!!

    ResponderEliminar