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  • Me agradaría saber que pertenezco a una especie que fuera capaz de respetar la vida en todas sus expresiones y convertir al Planeta en un gran hogar para todos...

sábado, 16 de mayo de 2015

Fugaz.







Niña Color (Digital) Otras temáticas
...esperó su regreso....por siempre...



 La calle era de tierra.
De tierra-tierra...no de broza.
¿Había por entonces broza?
Sobre su espalda un saquito verde,
de verde oscuro, de verdes-hierbas
debajo del muro, de verde musgo,
de algas verdes.
Pocas cuadras.
Y se sentían las voces y la algarabía.
Y crecían las risas.
Y asolaban las luces.
Todo era claro dos cuadras más allá.
Nada era entendible, ni racional, ni ordenado,
previsible, lineal, ni discursivo ni gestual,
ambos a un tiempo.
Era la desopilante explosión de colores,
máscaras que reían, raros vestidos raros,
risas detenidas, carcajadas opacas o con brillo,
qué decir...
un monstruo enorme y gigantesco
se inclinó hacia ella con su rostro tieso
de terror sin gracia.
Allí estaba él, se escondió detrás,
se sintió segura.
Apretó su mano, manita pequeña,
pollera tableada, pelo sin rizos, corte garçon.
Su mirada con tantas estrellas
le devolvió confianza, le otorgó la risa,
la apartó de todo.
La magia invadía la calle de pedregullo marrón.
Serpentinas, mascaritas, extraños carruajes
adornados con guirnaldas multicolores.
El mundo se daba vuelta
mostrándole mil rostros.
Todos diferentes. Todos semejantes.
En un instante parecía 
que el planeta iba hacia la esquina,
en el siguiente regresaba, por la vereda de enfrente.
Y los rostros giraban, rítmicamente,
hacia un lado...hacia el otro.
Justo en los cruces de calles
lámparas tenues iluminaban 
el movimiento..también la quietud.

Algunas vueltas. Muchas vueltas.
Luego nada.
Como espirales centrífugas
pequeños y grandes
dispersándose.
Luces apagándose, lentas.
Los disfraces etéreos, cual fantasmas.
Todos llevaban máscaras.
Algunas cotidianas.

De regreso las calles
eran anchas, oscuras,
abísmicas.
En un lugar indeterminado
un ventanal con cuatro vidrios
y cortina naranja indicaría 
el punto de llegada.

La madre llevaba collar de perlas.
El niño tenía hambre y sueño.
El padre, el de ojos con estrellas,
tomó otro rumbo, giró otro ángulo.

Abrió la puerta.
Entró a la casa.
Acunó su muñeca.

Un saquito verde se perdió
en la noche.

Pasó el carnaval.
Y pasó la infancia.

Cuando él se fue
se llevó consigo un millón de estrellas.*** 


                                                                                           mao.

4 comentarios:

  1. hermosa caminata de pueblo ... precioso relato

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    1. Te agradezco mucho Amigo querido. Gracias por tu visita y aliento constante. Un gran abrazo para vos!

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  2. Como cuando el silencio es posible y las palabras empiezan a temblar.

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    Respuestas
    1. ...sucede alguna vez, muy de vez en vez...el silencio, entonces, ocupa todos los espacios...

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